URUGUAY, la tierra de los Gymnogeophagus y Austrolebias

 

Desde hace varios años distintos artículos en revistas y libros nos deleitaban con las especies halladas en este maravilloso país tan natural que para nosotros está  al otro lado del “charco” llamado Rio de la Plata. Ya desde las aventuras del famoso grupo FLA FLO DUL (Fauna y Flora dulce acuícola) en los noventa,  hasta algunas publicaciones en Tropical Fish Hobbyest como también en estos últimos años, en la revista Amazonas, nos mostraban  una variedad de peces únicas muy atractivas para los amantes de la acuariofilia.

La idea era conocer los biotopos de algunos Austrolebias (“Cynolebias”) uruguayas como también de sus hermosos Gymnogeophagus y demás peces, lo cual nos demandaba un recorrido bastante amplio del país, comenzando en Montevideo para Rocha, Chuí, Treinta y Tres y el Río Yi para encontrar el recientemente catalogado Gymnogeophagus tiraparae en este mencionado río como la frutilla del postre.

 

 

Armando el recorrido:

En base  a lo que estábamos buscando muchos amigos fanáticos de la acuariofilia estaban interesados pero también aquellos amantes de la naturaleza y hasta mi gran amigo Diego, pescador deportivo, no se perdería esta oportunidad.  El grupo se fue armando entre los que organizamos desde un principio y algunos otros que fueron confirmando a medida que sus obligaciones de la vida les iban permitiendo. Al final 6 personas era el número que vivirían esta nueva y apasionante aventura.

De izquierda a derecha: Alfredo, Marcelo, Muela, Walter, Martin y José Luis Justo, en la intimidad de un asado al disco al borde del Río Yi en el “Paso San Borja”.

 

Comenzamos reclutando a quien sería nuestro gran guía, el señor José Luis Justo gran conocedor de las tierras orientales y gran persona, no esperaba menos de alguien recomendado de Angel Fornaro quien también estuvo a punto de venir, pero fuerzas mayores lo impidieron.

La leyenda cuenta que él fue quien vio diferencias entre los Gymnogephagus en el Río Yi dándose cuenta de que uno de ellos era “algo distinto” , siendo en un futuro el Gymnogeophagus tiraparae descripto por ictiólogos uruguayos.

Esta aventura la vivirían Alfredo, Diego “Muela” , Walter “Barbará” Martin apodado” Tío Granpa”, nuestro guía José Luis apodado para esta expedición “el Bo” y quien escribe. Desde Buenos Aires partimos hacia Colonia en ferry cruzando el Río de la Plata en una hora, para estar cerca de Montevideo y allí recoger a José Luis.  Una vez y por fin reunidos los seis nos aprovisionamos y emprendimos el recorrido hacia el primer punto que era la zona de Rocha donde intentaríamos recolectar algún killi aunque la época no sería la mejor y lo sabíamos ya que los charcos estaban casi secos o secos completamente.

 

Biotopo uno: ROCHA

Esta zona habitada por los antecesores de los Charrúas,  de gran valor natural, se caracteriza por las palmas típicas de la región siendo un embeleso a la vista donde se ven a lo largo de kilómetros y kilómetros miles de palmas de la especie Butia odorata, un ecosistema con una diversidad muy particular y único.

Aunque hoy se discute que si bien se protege la palmera no así su recambio ya que se ven todas palmeras adultas y no jóvenes (excepto en los lados de la ruta) debido a que los campos de agricultura y ganadería no dejan el crecimiento de nuevas palmas, es decir hay ejemplares adultos de unos 300 años o más y no jóvenes. Estas palmeras poseen un fruto muy particular el “butiá” que es utilizado para licores, caña con butiá y hasta helado a base de este fruto.

La inmensidad del Palmar de Rocha, “el camino del Indio”, hasta donde da la vista se ven palmas Butia odorata.

 

En este hermoso ecosistema encontramos unos pocos charcos con agua, en ellos suelen vivir diferentes especies de ciprinodóntidos (Cyprinodontidae). Pudimos pescar algunos killis en el primero,  si bien no estaba muy seco, se veía que había mucha agua pero de recientes lluvias y pudimos recolectar ejemplares de Cynopoecilus melanotaenia bastante jóvenes  acompañadas de gran cantidad de ranas y renacuajos con algunos tetras de bellos colores.

Cynopoecilus melanotaenia

 

Hermoso biotopo, mantenido por alguna lluvia reciente, solo C. melanotaenia pudimos pescar en cuanto a killis se refiere.
Hermoso biotopo, mantenido por alguna lluvia reciente, solo C. melanotaenia pudimos pescar en cuanto a killis se refiere.

 

Los parámetros que arrojó este charco y que pudimos medir fueron:

PH: 6,40

Conductividad: 240us

Color del agua: ambarina y cubierta totalmente de plantas flotantes Ludwigia sp y Myriophillum sp.

 

Grupo de Cynopoecilus melanotaenia jóvenes en excelente estado de salud.

 

C. paleatus

 

Hyphessobrycon boulengeri

 

Recorrimos la zona pasando por La Pedrera, también Punta del Diablo en busca de otra de las especies de killis que la habitan siendo estas  Asutrolebias adloffi , A. luteoflammulatus, A. cheradophilus, A.viarus pero por ahora nada de nada (la bibliografía generalmente comenta que siempre las C. melanotaenia se encuentran en mayor número), pues en este caso eran las únicas.

Luego, exhaustos, ya que habíamos recorrido unos 500 km, se venía la noche y aparentaba de temperaturas más bajas que lo que habíamos previsto. Decidimos acampar y lo hicimos al borde del Arroyo Valizas, un arroyo muy cerca del Mar ya que estábamos en la ruta 10 Km267 en Cabo Polonio. Muela pudo aprovechar y tirar la caña mostrando sus grandes habilidades pasados los cinco minutos, siendo los famosos “roncadores” , provenientes del mar, abundantes en la zona.

Vista desde el campamento de las casas de pescadores en el arroyo Valizas.

 

Armamos el fuego y las carpas frente a una postal única, un pueblo de pescadores perdido en el tiempo manteniendo la magia de aquellos años en los cuales la tranquilidad y el sonido del río era lo que dominaba la escena.

”Muela” despuntando el vicio.

 

Disfrutamos ese asado al estilo uruguayo con los famosos “chotos” y morcillas dulces muy bien preparado por Martín, Muela  y José Luis, entre risas y grandes charlas donde se hablaba dónde nos dirigiríamos al otro día fuimos arrimando cada uno para sus carpas ya que nos quedaba por delante un día muy largo.

Me desperté muy temprano ya que tenía planeado hacer fotos de la pesca del día anterior y fueron apareciendo los demás. El primero (siempre sería él) era José Luis, que a pesar de compartir la tienda con los ”nocturnos” Muela y Alfredo, era de los primeros en estar firme en la mañana.

Hicimos las fotos y nos cruzamos a la costa de enfrente a comprar pescado. Era tan fresco que todavía en el cajón boqueaban y se movían. Adquirimos unas Lizas, podrían ser unas Mugil platanos,  de buen tamaño y allí pudimos ver unas “tarariras”, las famosas Hoplias lacerdae, la tararira azul junto a otros peces pero la mayoría provenientes  del mar, solo las tarariras eran traídas de unas lagunas de la zona.

 

Alfredo observando la pesca del día, el pescador preparando su filo para el trabajo sucio.

 

Cargamos todo el equipamiento en los vehículos y emprendimos el recorrido, ya las rutas no estaban en las mismas condiciones que antes y llegamos casi hasta al Chuí, a unos 40 kilómetros tan solo estaba Brasil, pero antes nos desviaríamos  a una ruta de tierra llegando al segundo biotopo, más precisamente en Ruta 14 “canal Andreoni” una población “famosa” entre los killeros.

Camino al segundo biotopo, paramos en Castillos, un pueblo de la Sección 4 del Uruguay, necesitábamos cargar combustible y lo más cercano era ese lugar. Nos sorprendimos al ver un pueblo detenido en el tiempo, con su gente muy amable y hasta vimos al “lechero” un carro tirado por un caballo con los tanques de leche fríos, a pesar del calor, repartiendo leche por las casas siendo esta una forma de comercializar muy antigua, lo cual nos llamo mucho la atención recordándonos a aquellos más viejos alguna imagen de nuestra niñez los que vivíamos en las afueras de la ciudad.

 

Alfredo, no se quiso perder subirse al carro mientras Martín fotografiaba y probaba el producto.

 

 

Ya en la Ruta 14 intentamos en varios lados pero la época no era la ideal y la sequía del verano ya había avanzado peligrosamente para los Austrolebias, pero no así en algunos charcos temporales que siempre albergan especies de acuario y tratándose de Uruguay seguramente hermosos ciclídos nos esperarían.

Amablemente un estanciero nos dejó “revisar” sus abrevaderos  convirtiéndose en nuestro exitoso segundo biotopo.
Biotopo dos: Hermosos Cíclidos.

En busca de Asutrolebias adloffi y luteoflammulatus nos topamos con un charco muy parecido alo que buscábamos, pero estaba dentro de los límites de una granja, obviamente pedimos permiso al dueño del lugar que muy interesado nos preguntaba que estábamos buscando que luego de explicarle que hacíamos allí probamos las redes. Pero de killis nada de nada, en eso la curiosidad ilimitada de Alfredo que hablando con uno de los “gurises” del lugar averigua que había unos peces de colores pero que estaban en el otro charco. Nunca supimos a cuales se referían pero que tenían colores, sí que los tenían. Si no pueden observarlos con sus propios ojos:

Pareciera que era perfecto para Asutrolebias, pero ni una allí en cambio un mundo de peces de acuario.
Walter en pleno biotopo de este hermoso Gymnogeophagus terrapurpura, con su charco y las palmeras Butia odorata de fondo.

 

Gymnogeophagus terrapurpura.

 

Casal de Crenichicla lepidota. Hembra con su vientre rojizo debido a la época de celo.

 

Australoheros aff. facetum (A. acitulus)??

 

 

Characidium rachovii

 

 

El grupo preparado para charquear, detrás un par de palmeras “Butiá”.

 

Alfredo y el autor probando en territorio de G. terrapurpura. Foto de Martin Fourcade.

 

Siempre en camino y corriendo detrás del tiempo, seguimos camino para la ruta 14 la cual nos depararía una pesca muy particular.

 

Biotopo tres: Austrolebias Adloffi  Ruta 14 “Canal Andreoni” , muy cerca del Chuí.

Si hay una pesca más fácil o más difícil a la vez es la de killis, cuando están,  están x millares pero cuando no están que puede ser por varios factores, ahí se pone realmente complicado.

 

Alfredo en busca de agua entre los pastizales. Pleno biotopo de A. Adloffi secándose.

 

Aquí intentamos en varios lados finalmente pudimos encontrarlas en un charco casi seco, pero lo particular de esto y que para aquellos que no están acostumbrados a estos pequeños peces expertos en supervivencia el método de pesca fui muy particular.

Tuvimos que pescar con la mano, introduciendo la mano, ambas o solo algunos dedos en pequeños pozos de agua que se formaron con las pisadas de las vacas, algo increíble, pero que pasa en el mundo de los colectores de Killis, ver peces de 4 o 5 cms  de gran coloración viviendo en 200cm3 de agua esperando la muerte o alguna lluvia salvadora que vuelva a inundar el charco y así elevar la esperanza de vida. Si es increíble, a veces en el espacio de un vaso hay dos o tres peces sobreviviendo que quizás mueran o vivan, la suerte está echada.

 

En esta foto se puede apreciar el tamaño exacto de las pisadas de vaca que hicieron “alargar” la vida de las Austrolebias en el charco, algo habitual en los lugares donde predomina la ganadería y tienen que convivir Austrolebias y ganado vacuno. En esas pozas pescábamos con la mano porque la red no entraba y el resultado es la siguiente foto.

 

Martín con un casal de A. adlofii que vivían en una huella de vaca.

 

Pescamos algunas y se las veía muy flacas aunque sólo tomamos dos tríos para que los fanáticos de los killis puedan tener alguna turba, aquí les dejo unas fotos para que puedan disfrutar estas bellezas.

 

A. adlofii, simplemente una hermosura.

 

Hembra de A. adloffi

 

 

Luego de la pesca en las huellas del ganado observamos una charca “escondida”  entre juncos a unos 50 metros de esta zona la cual chequeamos y pudimos recolectar algunas C. melanotaenia y también alguna A. adlofii.

La tarde ya estaba en retirada y era urgente llegar al Río Cebollatí para acampar y comenzar a armar el campamento, para colmo se aproximaba una lluvia (que lluvia!) y el campamento debería estar preparado para soportar esta tormenta.

 

BIOTOPO Cuatro: Río Cebollatí sobre ruta 14

Por suerte y gracias a José llegamos a tiempo y rápidamente comenzamos a preparar las tiendas mientras muela cocinaba unas hermosas lizas que nos habían proporcionado los pescadores en el Arroyo Valizas, que por cierto resultaron un manjar.

 

Hermoso biotopo de Gymnogeophagus labiatus y varios peces más.

 

Con el campamento establecido, la cena estaría encaminada de la mano de Muela.

 

La idea era preparar esas tres lizas para luego Martín nos deleite con un pollo al disco, pero  a veces la teoría no es la práctica.  Ya cuando estábamos cenando estas ricas lizas, a eso de las 18 horas, comenzaron las primeras gotas de lluvia que al cabo de unos pocos minutos se transformarían en cataratas de agua y que finalmente nos mandaría a todos a dormir temprano y no poder ni siquiera pescar. Pero….

A las 3:30hs de la mañana la lluvia cesaría, luego de anular a unas de las carpas por no aguantar el temporal, escucho una voz que me dice “a buscar el gymno cabezón” , era Alfredo , compañero de aventuras amazónicas y experto en pesca nocturna con linterna (aprendida en el Amazonas) que me decía de ir en busca del Gymnogeophagus (labiatus o gymnogenis) ambos con giba para que los llamemos “Cabezones”, ni siquiera llegué a terminar de vestir el equipo técnico que ya Alfredo nos trajo la primera muestra de que el “Cabezón” estaría allí. A partir de esa hora pudimos aprovechar de chequear gran parte de la fauna acuática de este maravilloso Río Cebollatí.

 

Aquí es el lugar exacto donde viven estos tan famosos Gymnos. En esas lagunas que se forman y el agua corre con menor fuerza es donde habitualmente los encontramos.

 

Con Alfredo y Walter recorrimos las pozas y pequeñas bahías que forman el curso de este río pudiendo observar gran cantidad de Cíclidos y otros peces como Corydoras, Loricarias, tetras y varios bagres también.

Hicimos el recorrido en la zona de arena ya que el agua allí es de escasa profundidad y los peces “duermen” más tranquilos, alejados de los depredadores, ese día la pesca fue un éxito tal cual lo muestran estas imágenes:

 

Gymnogeophagus labiatus

 

Gymnogeophagus gymnogenys

 

G. labiatus

 

Hembra de G. gymnogenys.

 

Corydoras aff. Paleatus. Obsérvese lo alto de la dorsal.

 

G. labiatus, un ejemplar extraordinario.

 

Estos peces junto  a Loricarias, Hoplias sp. y varios tetras, entre otras especies,  estaban en un agua con un PH 7.32 con una conductividad de 192 Us. y una temperatura  a 20 cms de profundidad de 23C°.-

 

Biotopo Cinco: el famoso “Paso San Borja”

Este biotopo sería la estrella del viaje ya que habíamos diseñado la salida como para que el último día nos quede en un lugar hermoso para  relajarnos un poco y poder dedicarnos a la captura de uno de los últimos Gymnogeophagus descriptos, el Gymnogeophagus tiraparae, llamado así por María Luisa Tiraparé una mujer guaraní que fundó la ciudad “Perdida” de San Borja del Yi” luego de perder a su esposo. En este lugar se habían asentado varias familias guaraníes que venían escapando de masacres como fue la de Santa Rosa del Cuareim más conocida hoy como Bella Unión.

Fue la última ciudad nativa uruguaya que albergaba gauchos, esclavos africanos, fugitivos, nativos y algún extranjero donde vivían en comunidad, muchos de ellos escapando de las masacres de Brazil y norte Argentino. Esta ciudad duró solo nueve años antes que el gobierno uruguayo ordenara desmantelarla por la fuerza. En honor a esta heroína de la historia uruguaya es el nombre de este Gymnogeophagus.

Llegamos y la primera impresión es que este río se parecía a uno amazónico, si bien los árboles que lo acompañan en su recorrido no son de grandes alturas, la vegetación se ve muy densa y su lecho de arenas claras y pedregullo nos da esa similitud.

Con un agua oscura, sin ser agua negra y por momentos bastante corriente lo cual nos mostraba las márgenes erosionadas por las grandes crecidas y los árboles caídos formando pequeños piletones donde los depredadores hacían de las suyas, la postal era paradisíaca.

 

El autor contemplando la paz de la naturaleza.

 

Grandes bancos de arena entre los meandros marcaban su curso y nos daba la sensación única de paz.

 

En esta foto podemos ver los bancos de arena y los árboles caídos al lecho formando lugares de poca corriente y mucho refugio, una postal que nos recuerda ríos amazónicos.

 

Alfredo no lo dudó un minuto y se dedico a colectar antes que los demás espantemos todo con las zambullidas. Y lo bien que hizo, ya que pudo  capturar algo bastante escurridizo entre otros peces que colectó: un Heptapterus Sp.

 

Heptapterus sp. quizás un H. mustelinus (Valenciennes, 1855)

 

Con el campamento establecido, algo de pesca encaminada Muela nos deleitó con un asado al disco que salió muy bueno y la verdad que este hermoso lugar combinado con una comida de este calibre nos hacía pensar que estábamos en el cielo, tal cual lo demuestra la primer foto este artículo donde se ve el grupo completo y las caras de felicidad inmortalizadas con esa selfie.

Llegó la noche y la pesca nocturna nos esperaba, recorrimos bastante la costa (ya lo habíamos hecho en el día) viendo paisajes únicos como este:

 

Vista del biotopo del Río Yi.

 

Otra vista del biotopo del Río Yi.

 

Pero de noche no se puede ver nada aunque tiene otros atractivos:

Pesca nocturna de cíclidos, mi favorita.

 

De la familia Trichomycteridae, el “bagrecito de arena” o “yusca” llamado en argentina, el Trichomycterus angustirostris . / Scleronema angustirostris. Una belleza.

 

La estrella del lugar el tan famoso Gymnogeophagus tiraparae

 

Hembra de G. tiraparae.

 

Gymnogeophagus rhabdotus (Hensel, 1870).

 

Charax stenopterus.

 

Hermoso ejemplar de Gymnogeophagus mekinos.

 

Dos Crenicichla sp. (aff. C. lepidota)

 

Macho de Jennysia onca (Lucinda, Reis & Quevedo, 2002) con sus mejillas azuladas.

 

Este si que es un hermoso ejemplar fotografiando a otro hermoso ejemplar. Martín en su salsa.

 

Conclusión:

Como siempre dije, digo y diré es increíble lo que se aprende en cada salida y en cada biotopo, la naturaleza nos enseña constantemente y para los que amamos este hobby “el mejor de los hobbies”, conocer el biotopo de la especie que nos interesa es lo más importante ya que de esta forma podremos brindarle lo mejor a nuestros peces.

Por otro lado en esta salida pudimos combinar el hobby con la amistad y eso es algo único y extraordinario, por eso hemos pasado gratos momentos y que serán recordados siempre hasta mi último aliento. Gracias Alfredo, Muela, Martin, Walter y José Luis.

 

 

Agradecimientos:

A mi Familia por aguantar a este loco de los peces en casa.

A  Alfredo, Muela, Martin, Walter y José Luis.

A nuestros hermanos uruguayos por permitirnos admirar sus bellezas naturales.

 

Bibliografía:

Sebastian Serra, José Bessonart, Franco Texeira de Melo, Alejandro Duarte, Luiz Malabarba, Marcelo Loureiro, “Peces del Río Negro”.

Juan Jorge Reichert Lang,“Atlas Ilustrado de los peces de agua dulce del Uruguay”.

Costa , Wilson J. E. M. Pearl Killifishes, “The Cynolebiatinae” , Systematics and Biogeography of the Neotropical Annual Fish Subfamily (Cyprinodontiformes: Rvulidae)

Revista Acuarismo, Año 2, Número 6 Agosto – Septiembre  (1993).-

Revista Acuarismo , Año 4, Número 12 Mayo – Junio  (1996).-

Revista Amazonas, Volume 4, number 2.

Revista Tropicasl Fish Hobbyist, Volume LIX number 4     #657.

Revista Río Negro, Año 3, Número 18.-

 

 

Marcelo Fernandez

Jorge Marcelo Fernandez is the owner of Wild Fish Aquarium based in Argentina. Through his website, he documents his travels to investigate the biotopes of the fish he loves most.

Marcelo Fernandez

Jorge Marcelo Fernandez is the owner of Wild Fish Aquarium based in Argentina. Through his website, he documents his travels to investigate the biotopes of the fish he loves most.

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